Abrir el alma hacia las ciencias del cielo, fue mi condena. Nunca
hubiera imaginado que allá arriba en los espacios interplanetarios
acechaba una inteligencia maléfica desconocida. Vida —si es que aquello
se le puede llamar vida— que esperaba una oportunidad para escapar de su
hostil hábitat a través de la Materia Oscura.
Todo empezó en una de las reuniones nocturnas en el penthouse de Sefora, lugar que era utilizado por nuestro círculo de estudios como observatorio recreativo del espacio. Le dábamos un uso inusual a aquel lugar, que otros hubieran tomado con fines más sensuales. Aquella noche observábamos a Marte a través de un costoso telescopio, mirando en una computadora las famosas fotografías que fueron tomadas por el Viking desde la órbita del planeta rojo.
—¡Qué locura la de los seres humanos! Dizque ver un rostro en esos cúmulos de roca, y pretender que sea un monumento —dijo cavilosamente Marie—. Esto es un típico caso de pareidolia ¿qué opinas Harold?
Mientras Marie pedía mi opinión, yo tenía la vista puesta en las fotografías, con las cuales había fantaseado desde pequeño, antes que el pensamiento crítico hubiera derrumbado mi baluarte fantástico. Pero un golpe del más allá interplanetario, me revelaría de manera sombría la veracidad de lo sobrenatural…Una energía seca, eléctrica y hostil, penetró mi mente y la de Marie y pronto se extendió, como la tormenta de un desierto, hacía las mentes de los otros compañeros, comunicándonos un mensaje telepático que pudimos comprender en nuestro idioma. Supimos de inmediato que era un demonio que habitaba en las arenas de Marte y fabricaba las formas para atraer el alma humana. Nos aprisionaba para llegar a una negociación. Quería quedarse habitando un alma, de lo contrario sería nuestro fin. Yo accedí a que fuera mi huésped, e inmediatamente pactó y liberó a mis compañeros. Como paga de recinto, me regala visiones que queman y canciones que me atan al abismo.
Fin
Todo empezó en una de las reuniones nocturnas en el penthouse de Sefora, lugar que era utilizado por nuestro círculo de estudios como observatorio recreativo del espacio. Le dábamos un uso inusual a aquel lugar, que otros hubieran tomado con fines más sensuales. Aquella noche observábamos a Marte a través de un costoso telescopio, mirando en una computadora las famosas fotografías que fueron tomadas por el Viking desde la órbita del planeta rojo.
—¡Qué locura la de los seres humanos! Dizque ver un rostro en esos cúmulos de roca, y pretender que sea un monumento —dijo cavilosamente Marie—. Esto es un típico caso de pareidolia ¿qué opinas Harold?
Mientras Marie pedía mi opinión, yo tenía la vista puesta en las fotografías, con las cuales había fantaseado desde pequeño, antes que el pensamiento crítico hubiera derrumbado mi baluarte fantástico. Pero un golpe del más allá interplanetario, me revelaría de manera sombría la veracidad de lo sobrenatural…Una energía seca, eléctrica y hostil, penetró mi mente y la de Marie y pronto se extendió, como la tormenta de un desierto, hacía las mentes de los otros compañeros, comunicándonos un mensaje telepático que pudimos comprender en nuestro idioma. Supimos de inmediato que era un demonio que habitaba en las arenas de Marte y fabricaba las formas para atraer el alma humana. Nos aprisionaba para llegar a una negociación. Quería quedarse habitando un alma, de lo contrario sería nuestro fin. Yo accedí a que fuera mi huésped, e inmediatamente pactó y liberó a mis compañeros. Como paga de recinto, me regala visiones que queman y canciones que me atan al abismo.
Fin
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